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22.01.2014  | CRONISTA

La energía cara pone en desventaja a Europa

Europa está lentamente emergiendo de la crisis y el crecimiento económico está repuntando. Pero la naturaleza perezosa de la recuperación implica que los gobiernos no pueden aflojar en la búsqueda de reformas que impulsen la inversión y el empleo. Gran parte de la discusión sobre cómo mejorar la competitividad gira en torno a cambios en el mercado laboral y la disminución de los trámites burocráticos. Pero se está prestando demasiada poca atención a lo que se ha convertido en un significativo obstáculo a la expansión de Europa: el elevado costo de la energía en el Viejo Continente comparado con Estados Unidos y otros mercados.

Ayer la Comisión Europea publicó un informe que detalla la diferencia de los costos energéticos entre la UE y sus principales socios comerciales. El alarmante documento señala que los precios de la electricidad para los consumidores industriales son más de dos veces superiores a los de EE.UU., y 20% más altos que los de China. La situación con los valores del gas es peor, porque son entre tres y cuatro veces mayores si se los compara con las tarifas norteamericanas y rusas.

Esta brecha crea un problema para la UE en su intento por atraer y retener inversores que sean grandes usuarios de energía. El fin de semana pasado, Paolo Scaroni, CEO de Eni, la compañía italiana de petróleo y gas, advirtió que el diferencial en el precio de la energía estaba creando una “masiva ventaja competitiva para EE.UU.” y una “verdadera emergencia para Europa”. Lakshmi Mittal, presidente del directorio y CEO de ArcelorMittall, declaró ayer que los precios más bajos alentarán a las industrias que consumen mucha energía a mudarse a Norteamérica. “Si pagáramos los precios estadounidenses en nuestras plantas de la UE, nuestros costos se reducirían anualmente en más de u$s 1.000 millones”, escribió en FT.

La pregunta es porqué son tan altos los precios de la energía en Europa. En gran parte se debe a las diferencias en la oferta. Europa con el tiempo permitió que el gas se convierta en el combustible preferido. Con la caída de sus reservas, el continente depende cada vez más de las costosas importaciones provenientes de Rusia, Argelia y Noruega. Por el contrario, la revolución del shale gas en EE.UU. permite a los norteamericanos pagar un gas más barato. En Europa el shale no se está explorando significativamente, excepto en Polonia.

Sin embargo, la oferta es sólo parte del panorama. La regulación también influye, especialmente en relación con las políticas climáticas de la UE. En 2007, los estados miembros de la UE fijaron compromisos a alcanzar en 2020. Deben recortar las emanaciones de gas de efecto invernadero en un 20% respecto de los niveles de 1990. Los gobiernos deben también usar recursos renovables para abastecer el 20% de la energía del continente. Estas medidas subieron la factura de combustible de los hogares y compañías, que salieron a comprar paneles solares y parques eólicos.

Para reducir esta disparidad de precios, una idea sería explorar el shale con mayor ímpetu. Europa nunca tendrá shale gas tan barato como EE.UU. El costo del fracking en Europa es muy superior al de Norteamérica en parte debido a la mayor densidad de población del continente. De todos modos, Bruselas y los gobiernos nacionales deberían alentar su desarrollo.

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